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conocimiento inútil

sobre sectas again, y un anuncio

Hace más de tres años que escribí este post , en el que contaba mi opinión sobre alguna secta destructiva, y esta mañana me encuentro con que uno de los inevitables trolls ha dejado dos comentarios en él. Mi incomparable generosidad me ha llevado a borrar ambos comentarios, pero uno de ellos ha retenido mi atención porque, pretendiendo herirme con flamígera espada (soy la prueba viva de que existe el demonio, dice), no hace sino darme la razón: el pobre troll me cuenta parte de su vida, y me cuenta todas las desgracias que le han pasado, desde que su madre le abandonó hasta que después de caer en la droga y el alcohol, sólo Kiko (comparado en el texto a Teresa de Calcuta) ha podido enderezarle, hasta el punto de que ahora está en el Seminario.

He estado tentado de dejar el comentario, o incluso de reproducirlo aquí, para dar testimonio de que, efectivamente, estamos hablando de una secta que aprovecha la debilidad mental de las personas para succionarlas hacia un mundo paralelo, donde se vive según la dicotomía agustiniana de las dos ciudades. Pero al fin y al cabo soy buena gente.

Tampoco creo que merezca la pena extenderse más sobre este pobre rebaño (y aquí te invito a la elucubración sobre lo que quiero decir), porque hay algo más que quiero contarte hoy; de hecho iba a hacerlo durante el fin de semana, pero otras actividades me lo han impedido.

La inactividad casi absoluta del blog durante los últimos años ha estado en parte causada por el torbellino que ha sido mi vida, incluyendo dos bodas (con la misma maravillosa persona), y ahora un bebé, de sexo masculino, que deberá nacer en unas pocas semanas.

Te lo contaré, lo prometo. 

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