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conocimiento inútil

ojalá algunas historias fueran cuentos

Érase una vez un país donde gobernaba, con mano firme, un militar que concentraba en sus manos la totalidad de los poderes del Estado. Su voluntad era ley, y los más altos puestos de la nación eran ocupados por afortunados en quienes se posaban sus infalibles ojos. Pero en ocasiones esos ojos se inyectaban de sangre y lanzaban maldiciones contra otros en formas muy variadas; bastaba que fueran desagradecidos respecto de su bondad y su sacrificio por la Patria. En estos casos, no había donde esconderse de la policía, los jueces, el poder ejecutivo y expropiatorio o, simplemente, las bandas de su Movimiento, siempre prestas a defender sus esencias.

El país luchaba con denuedo contra los ataques de los enemigos extranjeros que, celosos del bienestar alcanzado en él, se concertaban conspirando en formas a veces difíciles de creer (que incluían, entre otros, los organismos internacionales de derechos humanos) para tratar, siempre de forma infructuosa, de erosionarlo y acabar con el edén que su benéfico papo había instalado.

Para un español de cierta edad, la descripción de aquí arriba le recordará al fresco general procedente de Galicia que padeció toda España (algún día hablaré del victimismo separatista) pero, como la historia se repite, hoy hablamos de Venezuela y de su Presidente, presunto protector de terroristas. La Audiencia Nacional Española le pone en el candelabro unos días después del terrorífico informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos y, claro, eso obedece a un contubernio donde mueve los hilos el Imperio yanqui. Rusia es culpable, que gritaba Ramón Serrano Suñer.

Ojalá hubiera un juego, de mesa, consola u ordenador, que permitiera a esta gente encauzar sus instintos de salvapatrias de forma más inocua, sin dilapidar la enorme riqueza de sus países para crear una red de estómagos agradecidos que les mantenga en el poder forever. O, al menos, mientras dure el petróleo. Ojalá Venezuela, como Bolivia y otros hermanos, encuentre pronto la senda de la civilización. Amén.

Nota: Han sido meses jodidos, todavía no hemos salido del bache. Gracias a todos los amigos por estar ahí.

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2 comentarios

CCBaxter -

Los crían igualicos en todas partes, desde los Andes hasta Mesopotamia, desde Corea a Malabo.
¿Meses jodidos? No lo sabía, pero lo lamento, compañero.
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davicius -

Querido amigo Cocoliso, como vivimos en los tiempos del "yutiube", hay cosas serias de las que afortunadamente también nos podemos reir....

http://www.youtube.com/watch?v=BAIRZjlQjho&feature=fvw

Abrazos
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